Ricki crió una perla en su casa de Colonia Caroya. Queria un trabajo fino, donde sus dedos se lucieran. armó a conciencia un pequeño altar en honor a Fernanda, su alma gemela, que no vivia en Caroya. alli coloco la perla cuando hubo madurado. A los tres meses fernanda volvio a Caroya embarazada y sin marido. Ricki la encontro en el mercado: compraba morango y se sostenía la cintura con aire cansado. Parecia que caminaba con la pura panza. Mientras le llevaba las bolsas, ricki levanto los ojos al cielo para agradecer aquel regalo divino: Fernanda embarazada y sin marido, un hijo sin padre y en el fondo de su bolsillo, una perla brillando.
Cronicidad: calidad de crónico. Dícese de ciertos vicios cuando son inveterados.
Saqué conclusiones entonces liquidé ese texto descubrí el porqué de ese nombre el porqué de ese hombre lamí sus registros y se quedaron en mi lengua tragué la tinta y saqué conclusiones entonces liquidé ese texto.
Y resulta que el domingo pasado fui al monte análogo sola, a la edición ciento ocho. en la ciento siete habían estado los 107 faunos. el programa radial de Nico Bedini, gabriel Rud y Gato Caba se transmite todos los domingos a las 20 por unaradio.com.ar
Y resulta que ahora escribo mientras el aire frío me seca el torso y la espalda, que fue un encuentro intenso y deportivo, consistente en dos horas de tocar canciones sin interrupción, con total libertad de eleccion y de entonacion. mas poesias de autoras grandes, que no conozco, luego una visita emocionante de la niña Lara, cantante y pianista. Bedini leyendo como un poseso. Rud destruyendo los patrones del midi con sonidos ajenos a la galaxia. el fantasma de Violeta Parra flotando por entre el té de hierbas y los alfajores capitanes del espacio, para vigilar la baja de azúcar. fue increible
Este sábado tocamos en la peluquería un acústico muy monono. La capacidad es ultra limitada; dicen que hay que reservar almohadon escribiendo a indiestarproyect@yahoo.com.ar
Hace ya casi 3 meses que tomo ese colectivo A tres cuadras de casa, frente al hospital donde una vez me cosieron tres puntos encima de la nuca, por haberme balanceado en una silla desafiando la ley de gravedad y las advertencias de los mayores.
(Dicen que el doctor, temiendo una conmoción cerebral, preguntó cabalmente “¿Dónde vivís?” y la niña traviesa de 3 años contestó con naturalidad: “¡En mi casa!”.)
Hace casi 3 meses que reincido, al despertar, En preguntarme qué leeré en esa hora de trayecto, Siempre accidentado, siempre ruidoso, Hacia la ciudad con Q, Qué materia estudiaré, Qué nuevo disco oiré, Hasta llegar a destino, Donde mi patrón, alias “El macanudo” Me dirá que hoy tenemos tanto que hacer.
Ningún Deerhunter o novela de Tobias Wolff Me distrae por completo de lo que ya no quiero ver: Las calles derrumbadas, Los tubos de las petroquímicas Que reemplazan a los árboles, Los rostros horadados por la desolación Y la peste, Un arroyo donde un perro como un roedor gigante Bebe un agua negra, indecible.
Recordé la vez que, a bordo del mismo 281, Lanús-Quilmes, con escala en el infierno, Vi a un hombre aburrido arrojarle piedras a un perro, Famélico, de pelaje blanco y tullido, Que pasaba rengueando a unos metros de distancia.
El Vado de la Pena, con las casillas Agujereadas de tiros disparados por los colimbas Muchos años atrás, entre su paseo por el cabaret y el ataque al Batallón, termina pocos minutos después; Sin embargo me sigue todo el día, Como una imagen de la Virgen de pie en mi mente, Me hace desear estar lejos, bien lejos y nunca más Volver a la entrada de la ciudad con Q.